Gaspar Scheuer, sobre su filme El desierto negro
El desierto negro se filmó en los alrededores de Los Toldos, Baigorria y San Emilio, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires (en La Argentina), donde viví hasta los 18 años.
Quise escribir una historia sencilla. Pensé siempre en no entorpecer las condiciones precarias en las que se desarrollaría la producción.
El guión final incluía: caravana de carretas, soldados a caballo, disparos, treinta personajes, varios ranchos de 1880, esculturas, un piano portátil y animales varios.
El proyecto demandó cuatro años y sumó las voluntades, el esfuerzo, y la paciencia de todos mis amigos, y la colaboración entusiasta de todo el pueblo.
¿Es posible hacer hoy una película de gauchos que no resulte turística, que no se parezca a un acto escolar? ¿Cómo zambullirse a una trama histórica y eludir la repetición, por enésima vez, el relato de la nobleza del gaucho rebelde, el pulso genocida del ejercito argentino, la bondad natural del salvaje americano?
¿Cómo hablar de la justicia y sus temblores evitando la retórica y las buenas intenciones? Pero sobe todo ¿Cómo filmar esa pampa desolada del siglo XIX, por entre los resquicios cada vez más minúsculos que dejan las hectáreas de soja, el tendido eléctrico, el ruido de motores?
Gaspar Scheuer
Director de El desierto negro
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