Matías Saccomanno: Comentario del realizador de Abyali
Hacía tiempo que trataba de encontrar una historia acerca de Camerún que narrara lo que percibí, sentí, olí y con lo cual conviví por dos años. Me resultaba imposible hallar una síntesis que lo reflejara, y lo hiciera comprensible, hasta que esta historia se presentó frente a mí.
Camerún se encuentra en la región de África central y comparte con casi la totalidad de los países del continente ciertas características que solemos conocer todos. Una fauna sorprendente, en una geografía que vio nacer a la humanidad, donde aun hoy existen culturas tan diferentes como la pigmea.
Pero también hay nenes con estómagos hinchados que arrancan lágrimas e indignación. Países con una esperanza de vida que no supera los cuarenta años, paludismo, SIDA, guerras civiles, corrupción y abusos.
En este continente que parece predestinado a desaparecer encontré esta historia, otro tipo de historia, a partir de jóvenes que creen que pueden hacerse un futuro mejor y posible.
El relato de un sueño, que no niega lo que publican la Géo o la National Geographic, ni lo que muestran los documentales o las noticias que cada tanto difunden los informativos, pero que lo cuenta desde otro lugar,
Esta historia pone de manifiesto la realidad mágica en la cual está envuelta la cotidianidad camerunesa, hermosa y terrible. Tan compleja que contada por partes parece exagerada, o totalmente igual a la que nosotros vivimos diariamente, pero que en el film, siento, logra resumirse en su integridad.
Me hubiese encantado inventarla pero no fue así. Estos personajes se instalaron frente a mí y no pude más que seguirlos, porque yo también me hice parte de este bello proyecto dentro del pesimismo de África. Abyali es una reflexión acerca de qué es posible, porque ellos así y todo, sueñan.
Confesiones
Abyali fue filmada sin un presupuesto planificado. No tuvo apoyos monetarios de ningún centro nacional de cinematografía o las típicas ayudas a las que solemos recurrir los realizadores de los países emergentes, como el Fond Sud o el Jan Vrijman Fund, pues cuando la historia se presentó o la filmaba o la dejaba escapar buscándolos.
El no contar ni siquiera con un escaso presupuesto no condicionó la estética de la película, por el contrario, creo que colaboró con los hallazgos, y fue un factor fundamental de la libertad que sentí al crear un relato acorde con lo que me urgía contar. Al escribir estas notas siento el final de esta bella aventura, por lo menos de la etapa en la cual conviví en soledad con Abyali.
Matías Saccomanno
Director de Abyali
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