Paisito, en los ojos de Ana Diez
Hablar de Paisito es hablar de cicatrices. Del desgarro producido en las vidas de quienes en la segunda mitad del siglo XX sufrieron las dictaduras que, como regueros de pólvora, por no utilizar expresiones más directas y gráficas, atravesaron América Latina y en concreto la capital más austral de nuestro mundo: Montevideo.
En las dictaduras el tiempo se detiene, queda estancado, pero siempre retorna. La esclerosis no existe en la Historia, todo se mueve. Tullidos o hermosos, torturados o sumergidos en el vaho del éxtasis erótico, con los ojos llorosos o iluminados, la vida sigue.
Dar voz a los atrapados en medio del conflicto, a los que no se atreven a tomar partido, a los que ver morir les resulta tan odioso como ver matar. Indagar en sus angustias y contradicciones, en las ilusiones truncadas, es la trama que vertebra esta historia. Vencedores y vencidos padecen las heridas que los regímenes totalitarios inflingen.
La terapia del tiempo no borra la cicatriz, la convierte en identidad. A veces, una noticia de radio, una canción, una imagen, hacen que el recuerdo de la herida surja intacto. La historia clínica pormenorizada de las causas del desgarro puede dar nuevas interpretaciones al trauma y uno recuerda que era otoño hace quince, veinte, cuarenta años. Y mañana también lo será.
Voces capturadas de la memoria de unos niños que necesitan reinterpretar los recuerdos. Entender por qué la pasión y el goce que palpitan en la infancia, en el descubrimiento de la piel del otro, le fueron arrebatados, sustituidos por una memoria desgarrada.
Ana Diez Directora de Paisito
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