Temor y tensión
Cloverfield no me asustó; me produjo la misma tensión que una vuelta en la montaña rusa. Lo digo asÃ, aunque una frase asà no es la que se espera de un crÃtico (que no lo soy) o de un periodista especializado (que cada vez lo soy más a fuerza de ver y ver pelÃculas).
Pero quiero empezar asà esta nota pues varios colegas argentinos, y de otros paÃses, poco más que endiosaron este filme, que a mi me resultó demagógico, por el exceso de los efectos sonoros y de una cámara en mano que marea más que relatar; asà como por la carencia de ciertos condimentos que hacen interesante un filme, particularmente, uno de terror.
Me refiero a cierta complejidad de los personajes, a recorridos de la cámara para construir suspenso con las imágenes, a que la técnica esté al servicio de la historia y no al revés. En Cloverfield no se filma el miedo, se trata de que los espectadores –los que miramos desde la butaca- lo compremos.
Una objeción que destaco es sobre el protagonista, Rob Hawkins (en la ficción), un joven que primero le da el cuero para dejar en banda a su novia y sus afectos en Manhatan, New York, para ir a ganar buena plata al Japón, y de pronto, cuando se vislumbra una catástrofe o vaya a saber que pasa, que la ciudad se viene abajo, le agarra la solidaridad o el remordimiento y quiere ir a salvarla.
Hawkins debe saber que el director Matt Reeves le tiene preparado un final de pelÃcula, por eso va al frente con esa proactividad y convencimiento que caracteriza a un buen ejecutivo de su clase. Sus amigos lo siguen, como el team lider que es.
Godzilla, King Kong, el Proyecto Blair Witch, pero también el ataque a las torres gemelas del 11 setiembre trágico, están presentes en el filme. Un individualismo a ultranza, ciego, también.
En estos dÃas se estrenará otra pelÃcula de miedo, dirigida por un maestro del terror, como lo es George Romero (La Noche de los muertos Vivientes). Se trata de El diario de los muertos y aquà también los protagonistas filman ellos mismos los acontecimientos, como en Cloverfield. Debe ser un ejercicio interesante comparar ambos filmes.
Gustavo Camps
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