Una mujer partida en dos
Título original: La fille coupée en deux
2007 Color, 115´, Francia, Alemania
Dirección: Claude Chabrol
Guión, adaptación y diálogos: Cécile Maistre y Claude Chabrol
Montaje: Monique Fardoulis
Script: Aurore Chabrol
Fotografía: Eduardo Serra
Música: Matthieu Chabrol – Orquesta dirigida por Laurent Petitgirard
Elenco: Ludivine Sagnier, Benoít Magimel Francois Berléant, Mthilda may, Caroline Silhol, ThomasChabrol, Edouard Baer
Parece ser que Valls tiene razón con esto de que la historia del cine hay que contarla para atrás. Dos de los mejores filmes que se acaban de estrenar corresponden a directores de la edad serena, si se me permite el eufemismo. Me refiero al inglés Sidney Lumet, de 84 años, y este Chabrol que ya debe andar rondando los 80.
Un mujer partida en dos es un trabajo ejecutado con calibre por el maestro de la Novelle Vague. Los hechos están planteados de la siguiente manera: una joven bellísima, inocente y directa, con una carrera ascendente en la televisión, se enreda en amoríos con un escritor casado y seductor que la dobla en edad; mientras es perseguida por cielo y tierra por un joven rico, caprichoso, inseguro y de carácter díscolo.
Lo que en manos de un diletante no pasaría de ser un melodrama para la hora central de la tarde, Chabrol lo compone como una lapidaria crítica a la hipócrita sociedad burguesa acostumbrada a la doble moral, y todavía le quedan pinceladas para pasarle a la superficialidad de los medios de comunicación, y para delinear personajes con precisión.
No hay un solo diálogo que se asemeje a una bajada de línea o a una declaración de principios. Es testimonial la escena en la que un conductor de TV, joven y de buen aspecto, entrevista al seductor escritor (Francois Berléant) y se equivoca cada vez que quiere meter un bocadillo (le pregunta por las expectativas de un premio ya recibido, por ej.) fuera de lo que le dicta el productor por el audìfono inalámbrico escondido en su oreja.
El personaje Paul Gaudens, un joven que vive de las rentas de un laboratorio familiar, está construido con detalles minimalistas y más allá de las dotes del actor Benoit Magimel –que las tiene y de sobra- se ve la presencia de un director firme (la manera de caminar de Paul G. que se muestra en distintos planos generales, por ej.).
La escena en la que abogado (el hijo de Chabrol, Thomas) y madre de Paul G. (Caroline Silhol) planean una estrategia judicial para este jóven, no tiene desperdicios. El tono de voz, los eufemismos de ambos personajes, el remate cuando el profesional se aleja hacia su auto ya fuera de la casa, indican un guión y dialogos trabajados al detalle.
Gustavo Camps
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